febrero 03, 2016

Kintsugi: el arte de hacer bello y fuerte lo frágil

El mundo nos rompe a todos, y luego algunos se hacen más fuertes en las partes rotas.
Ernest Hemingway 




Cuando los japoneses reparan objetos rotos, enaltecen la zona dañada rellenando las grietas con oro. Creen que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso.

El arte tradicional japonés de la reparación de la cerámica rota con un adhesivo fuerte, rociado, luego, con polvo de oro, se llama Kintsugi. El resultado es que la cerámica no sólo queda reparada sino que es aún más fuerte que la original. En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y celebran, ya que ahora se han convertido en la parte más fuerte de la pieza.

El kintsugi añade un nuevo nivel de complejidad estética a las piezas reparadas y hace que antiguas vasijas pegadas sean aún más valoradas que las que nunca se han roto. Kintsukuroi es el término japonés que designa al arte de reparar con laca de oro o plata, entendiendo que el objeto es más bello por haber estado roto. En lugar de considerarse que se pierde el valor, al reparar la cerámica se crea una sensación de una nueva vitalidad. Dicho de otra forma, el tazón se vuelve más bello después de haber sido roto y reparado. La prueba de la fragilidad de estos objetos y de su capacidad de recuperarse es lo que los hace bellos.

Llevemos esta imagen al terreno de lo humano, al mundo del contacto con los seres que amamos y que, a veces, lastimamos o nos lastiman. ¡Qué importante resulta el enmendar! Qué importante entender que los vínculos lastimados y el corazón maltrecho, pueden repararse con los hilos dorados del amor, y volverse más fuertes.

La idea es que cuando algo valioso se quiebra, una gran estrategia a seguir es no ocultar su fragilidad ni su imperfección, y repararlo con algo que haga las veces de oro: fortaleza, servicio, virtud…

La prueba de la imperfección y la fragilidad, pero también de la resiliencia, la capacidad de recuperarse, es digna de llevarse en alto.



Febrero 3 de 2016

enero 02, 2016

Para toda la gente que me pregunta por qué estoy bien después de mi ruptura

Foto: A. Cedeño


  
Cuando termina una relación, y son ellos los que deciden concluir, casi de inmediato, y sin manera de ponerle freno sale uno de los poderes más grandes de las mujeres, ese mágico don que tememos de hacernos sentir peor que la basura, tenemos esa magia de bajar nuestra autoestima hasta el suelo, nos inundamos con preguntas llenas de culpas.

Pero,  por qué debe haber un culpable cuando el amor se termina?  Qué más da si reaccionamos estúpidamente celosas algunas ocasiones, ellos también son increíblemente desatendidos a veces, el nivel del berrinche del drama de una mujer, siempre es directamente proporcional al grado de patanería o desinterés de parte del “galán” que nosotras tenemos que aguantar.

Entonces, cuando alguien me pregunta porque estoy tan bien después de la ruptura, contesto de la siguiente manera:
Me ves bien, porque me siento bien conmigo misma, porque descubrí que la culpa no es mía, que me entregue en cuerpo y alma a alguien que pensé amar con todas mis fuerzas, estoy conforme con lo que di, pues no me quedé con nada, no me guardé ningún te amo, y si acaso me contuve de hacerle mil detalles, de llamarlo para decirle que lo quiero, de mandarle mensajes para desearle un buen día, eso fue porque no quería ser una carga para él, pues así me lo hacía pensar, a veces me hacía sentí que más que una pareja era una carga para él, entonces, la culpa no es mía, la culpa es de ciertos hombres que no están listos para tener en su vida a una mujer que los quiera de verdad.  Y saben, no quiero compartir mi vida con alguien que no me valora.
Estoy bien y sonrío porque tenía una vida antes de compartir mis intereses con él, el que esté bien no quiere decir que no lo quise, o que no me dolió su partida.  Definitivamente tuve mi terapia de duelo, sola o hablando con alguien puedo jurar que quizá le lloré alguna vez, sin embargo, la vida sigue y solo terminamos con la relación no con nuestras vidas.
Pero como ya dije no es cuestión de echar culpas, simplemente el amor acaba, y no se puede obligar a nadie a estar con alguien.

Estoy bien porque simplemente tengo los pies en la tierra, se lo que valgo, y lo que puedo dar. Estoy bien porque ya limpie las lágrimas de mi rosto, y estoy bien porque estoy lista para volver a comenzar con alguien más…


© Yngrid
Caracas, Enero 2 del 2016

septiembre 27, 2015

Eres una persona tan completa que no mereces que te quieran a medias

Sí me quieres, quiéreme entera,
No por zonas de luz o sombra.
Si me quieres, quiéreme negra.
Y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
Y morena.
Quiéreme día.
Quiéreme noche.
¡Y madrugada en la ventana abierta!
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… o no me quieras!

Dulce María Loynaz

No somos seres incompletos, no necesitamos medias naranjas para ser felices. Somos naranjas, limones, melocotones y un sinfín de frutas rodando por el mundo a nuestro aire.
A veces tenemos la buenaventura de encontrar otra fruta que rueda a nuestro mismo ritmo. Entonces, comenzamos a dar paseos juntos, paseos que pueden durar toda la vida o acabarse en un instante.
Un melocotón y una naranja combinan perfectamente, si ambos están dispuestos a hacer una vida en común y son capaces de respetar sus diferencias y sus coincidencias.
El gran engaño de las medias naranjas y de los amores Disney nos somete hasta tal punto que acabamos viendo normales esos amores a medias. Conformarnos con este tipo de amor es condenarnos a la soledad.
Cuando las medias tintas, el “ahora sí, ahora no” o el “quizás mañana me interesa” se instauran en nuestras relaciones, mal panorama. Es decir, si se ama, se ama en plenitud y dando todo lo que es saludable que demos de nosotros mismos.
Esto no solo es una cuestión de principios, sino también de respeto y de consideración con nosotros mismos. No es justo ni sano dar amor sin recibir, al menos, algo que nos haga sentir bien.
Estamos de acuerdo en que el amor debe ser desinteresado, pero eso no quiere decir que deba ser necio. Es decir, si sufres porque te dan una de cal y otra de arena, es el momento de pensar en abandonar la partida y construir un buen castillo.

Cito a Frida Khalo:

“Merecemos un amor que nos quiera despeinada, con todo y las razones que nos levantan de prisa, con todo y los demonios que no nos dejan dormir.
Merecemos un amor que nos haga sentir segura, que pueda comerse al mundo si camina de nuestra mano, que sienta que tus abrazos van perfectos con su piel.
Merecemos un amor que quiera bailar con nosotras, que visite el paraíso cada vez que mira nuestros ojos, y que no se aburra nunca de leer nuestras expresiones.
Merecemos un amor que nos escuche cuando cantamos, que nos apoye en nuestros ridículos, que respete que somos libres, que nos acompañe en nuestro vuelo y sobre todo que no le asuste caer.
Merecemos un amor que se lleve las mentiras, que nos traiga la ilusión, el café y la poesía”

No es que los demás tengan que adorar cada parte de ti o cada manía, sino que quien te ama de verdad no intentará cambiarte ni manipularte. Cada pequeño gesto hace de nuestro ser y de nuestro mundo algo excepcional que merece su consideración.
Debemos dejar que nuestro acompañante nos ame como quiera y no como nosotros deseemos, pero siempre volando con las alas de la libertad. Esto quiere decir que nadie tiene derecho a vulnerarnos ni a jugar con nosotros.
En este sentido, no nos podemos dejar llevar por nuestras necesidades o por nuestra concepción del amor ideal, sino que tenemos que establecer las bases del respeto, de la aceptación y de la reciprocidad.
No merecemos que nos amen a medias. Merecemos que nos demuestren que lo hacen y, para eso, es fundamental desactivar los egoísmos. Porque, simplemente, un amor verdadero no se aprovecha de nadie, ni siquiera de una situación.
Termino citando a Lao Tse: Ser profundamente amado te da fuerzas, mientras que amar profundamente a alguien te da coraje.


© Yngrid
Septiembre 27, 2015

agosto 23, 2015

Después de ti aprendí…

Comenzar implica muchas cosas y a esas cosas las llamé después de ti…




Después de ti aprendí que enamorarse implica tres cosas: comenzar , terminar y volver a comenzar.
Después de ti aprendí que el amor más bonito era el mío hacia mí, porque después de echarme la culpa durante meses, aprendí que yo era la que estaría siempre conmigo, ni tú ni nadie.
Después de ti aprendí a no sentir odio, que “ellas”, las otras mujeres con las que te enviabas mensajes, no eran culpables, que no tenía que sentir odio, que eras tú él que le daba alas a todas, ellas eran iguales que yo ni más ni menos, y sentirme en guerra con ellas sólo me hacía daño.
Después de ti aprendí quienes eran mis mejores amigos, que más allá de los que me aguantaron las semanas de guayabo después de ti, eran los que me escuchaban no importaba las veces y veces que repitiera lo maravilloso que eras y al segundo lo patán que eras, entonces aprendí que en cuestión de amigos no importa la cantidad sino la calidad.
Después de ti aprendí que el que busca encuentra, después de separarnos decidí olvidarte, pero en las noches de crisis buscaba en las redes sociales saber de ti y sabía perfectamente dónde buscar. Y ver en lo que te habías convertido me lastimaba mucho, y entonces comprendí que entre más buscará más encontraría y sí no quería encontrar tenía que aprender a dejar de buscar.
Después de ti aprendí a perdonar, y perdonar significa perdonarte y perdóname, perdonar cada una de las peleas que tú ocasionaste y sobretodo cada una de las peleas que yo ocasione.
Y hoy después de 6 meses separados, y con cada vez menos posibilidades de querer y poder estar juntos, te digo que lo mejor de ti es el después de ti, que a partir de hoy seguramente sólo seremos extraños que comparten recuerdos, que a ti el NO amor de mi vida sólo me queda agradecerte por no luchar y enseñarme que lo único que siempre haré será APRENDER.


© Yngrid
Caracas, Agosto 23 de 2015 

agosto 14, 2015

Alejarme de la persona que amaba por mi bien, fue el mayor acto de valentía de mi vida




Cobarde?.. . Esa no soy yo.

Amé, sonreí, viví, experimenté, disfruté, conocí, viajé, tuve, platiqué, escuché, valoré…
Existen tantas palabras que definen un gran amor, años de aventuras juntos; pero también existen otras más que superan todo ese tiempo: indiferencia, ironías, sarcasmos, sufrir, tolerar, llorar, abandonar, ocultar, dejar, cambiar.

Me encontraba sumergida en una insana relación amorosa, ciega, el primer par de años no veía todo el daño que me estaba causando, si, yo me lo causaba por permanecer ahí, inmóvil.   Enfrente celos, posesión,  mentiras, sarcasmos, indiferencia, abandono y mil cosas mas. Aun así, cuando desperté y me percaté del daño que se me estaba causando, tardé un año más en poder salir. No es sencillo cuando tratas con una persona que pareciera es una experta en el arte de la manipulación. Me pude haber tardado 365 días en poder superarlo o incluso si hubiera pasado más tiempo, lo único que en verdad importa es que lo logré. No se si era realmente amor, pero alejarme de la persona que amaba por mi bien, fue el mayor acto de valentía de mi vida.

Estoy agradecida con esa persona, porque así ahora sé lo que merezco en una relación. No estoy dispuesta a permitir que vuelva a suceder, las cosas pasan por algo, y se que tuve que vivir todo eso para darme cuenta de lo que quiero, de lo que en verdad deseo. Pasé por tales situaciones, para jamás permitir este tipo de conductas.

Así que cuando te des cuenta que te encuentras en una relación tóxica, a como de lugar tienes que salir de ella. Y, cómo saber si tu relación es enfermiza? fácil, hay celos, control, ordenes, posesión, prohibición, indiferencia…

Sal y huye de inmediato, nadie tiene derecho de controlar tu vida  y si lo hace desde el noviazgo que no te quepa duda que lo hará por el resto de su vida si es que le das la oportunidad. No vale ninguna excusa, por favor no te dejes engañar, no lo dejará de hacer completamente, lo hará un tiempo para que creas que ha cambiado, que las cosas serán diferentes pero un día no muy lejano, se repetirá una y otra vez.   Recuerda tu valor, todo lo que te mereces, no dejes caer tus sueños y esperanzas. Tarde o temprano, encontrarás a la persona ideal para ti. 

Se valiente…


© Yngrid
Agosto 14 de 2015

julio 19, 2015

Nadie te ofende, son tus expectativas


Las personas se pasan la mayor parte de su vida sintiéndose ofendidas por lo que alguien les hizo.
¡Nadie, nunca jamás te ha ofendido!
Son tus expectativas de lo que esperabas de esas personas, las que te hieren. Y las expectativas tu las creas con tus pensamientos. No son reales. Son imaginarias.
Si tu esperabas que tus padres te dieran mas amor, y no te lo dieron, no tienes porque sentirte ofendido. Son tus expectativas de lo que un padre ideal debió hacer contigo, las que fueron violadas.
Y tus ideas son las que te lastiman.
Si esperabas que tu pareja reaccionara de tal y cual forma y no lo hizo… Tu pareja no te ha hecho nada. Es la diferencia entre las atenciones que esperabas tuviera contigo y las que realmente tuvo, las que te hieren. Nuevamente, eso está en tu imaginación.
¿Enojado con Dios? Son tus creencias de lo que debería hacer Dios, las que te lastiman. Dios jamás ofende y daña a nadie.
Un hábito requiere de todas sus partes para funcionar. Si pierde una, el hábito se desarma. El hábito de sentirte ofendido por lo que te hacen otros (en realidad nadie te hace nada) desaparecerá cuando conozcas mejor la fuente de las ofensas.
Cuando nacemos, somos auténticos. Pero nuestra verdadera naturaleza, es suprimida y sustituida artificialmente por conceptos que nuestros padres, la escuela y la sociedad nos enseñan.
Y crean una novela falsa de como deberían ser las cosas en todos los aspectos de tu vida y como deben de actuar los demás. Una novela que no tiene nada que ver con la realidad.
También, las otras personas son criaturas de inventario. A lo largo de su vida, coleccionan experiencias: padres, amigos, parejas, etc. y las almacenan en su inventario interior.
Las experiencias negativas dejan una huella mas profunda en nosotros que las positivas.
Y cuando una persona es maltratada (por NO haber dicho o hecho lo que se esperaba de ella) por alguien, deja esa experiencia en su inventario. Cuando conoce a otro alguien, tiene miedo. Y trata de ver si la nueva persona repetirá las mismas actitudes que la que le hirieron, o sea que se predispone.
Saca una experiencia de su inventario negativo. Se pone los lentes de esa experiencia y ve a las nuevas personas y experiencias de su vida, con esos lentes, obviamente lo que teme lo provoca.
¿Resultado? Se duplican los mismos problemas y las mismas experiencias negativas.
Y el inventario negativo sigue creciendo. En realidad lo que hace es que te estorba. No te deja ser feliz. Y a medida que se avanza en años, se es menos feliz. Es porque el inventario negativo aumenta año con año.
Una de las mayores fuentes de ofensas, es la de tratar de imponer el punto de vista de una persona a otra y guiar su vida. Cuando le dices lo que debe hacer y te dice no, creas resentimientos por partida doble. Primero, te sientes ofendido porque no hizo lo que querías.
Segundo, la otra persona se ofende porque no la aceptaste como es.
Y es un círculo vicioso.
Todas las personas tienen el derecho divino de guiar su vida como les plazca.
Aprenderán de sus errores por si mismos. Déjalos ser.
Además recuerda también, que nadie te pertenece. Cuando los colonos americanos querían comprarles sus tierras a los Pieles Rojas, estos les contestaron: ¿Comprar nuestras tierras? ¡Si no nos pertenecen! Ni el fulgor de las aguas, ni el aire, ni nuestros hermanos los búfalos a los cuales solo cazamos para sobrevivir. Es una idea completamente desconocida para nosotros.
Ni la naturaleza, ni tus padres, ni tus hermanos, ni tus hijos, tus amigos o parejas te pertenecen. Es como el fulgor de las aguas o el aire. No los puedes comprar. No los puedes separar. No son tuyos. Sólo los puedes disfrutar como parte de la naturaleza. El cauce de un río no lo puedes atrapar. Sólo puedes meter las manos, sentir el correr de las aguas entre ellas, y dejarlo seguir.
Las personas son un río caudaloso. Cualquier intento de atraparlas te va a lastimar. Ámalas, disfrútalas y déjalas ir.
Entonces ¿Hace falta perdonar?
1) Entiende que nadie te ha ofendido. Son tus ideas acerca de como deberían actuar las personas y Dios las que te hieren. Estas ideas son producto de una mascara social, que has aprendido desde tu infancia de forma inconsciente. Reconoce que la mayoría de las personas NUNCA van a cuadrar con esas ideas que tienes. Porque son ideas falsas.
2) Deja a las personas ser. Deja que guíen su vida como mejor les plazca. Es su responsabilidad. Dales consejos, SOLO SI TE LO SOLICITAN, pero permite que tomen sus decisiones. Es su derecho divino por nacimiento: el libre albedrío y la libertad.
3) Nadie te pertenece. Ni tus padres, amigos y parejas. Todos formamos parte del engranaje de la naturaleza. Deja fluir las cosas sin resistirte a ellas. Ama y deja ser.
4) Deja de pensar demasiado. Ábrete a la posibilidad de nuevas experiencias. No utilices tu inventario. Abre los ojos y observa el fluir de la vida como es. Cuando limpias tu visión de lentes obscuros y te los quitas, el resultado es la limpieza de visión.
5) La perfección no existe. Ni el padre, amigo, pareja o Dios perfecto.
Es un concepto creado por la mente humana que ha un nivel intelectual puedes comprender, pero en la realidad NO EXISTE.
Porque es un concepto imaginario. Un bosque perfecto serian puros árboles, Sol rico, no bichos… ¿existe? No.
Para un pez, el mar perfecto sería aquel donde no hay depredadores ¿existe? No.
Solo a un nivel intelectual. En la realidad JAMAS VA A EXISTIR. Naturalmente, al pez solo le queda disfrutar de la realidad.
Cualquier frustración de que el mar no es como quiere que sea no tiene sentido. Deja de resistirte a que las personas no son como quieres. Acepta a las personas como el pez acepta al mar y ámalas como son.
6) Intoxícate con la vida. La vida real es más hermosa y excitante que cualquier idea que tienes del mundo. Me complacerá decírtelo por experiencia.
7) Imagina a esa persona que te ofendió en el pasado.
Imagínate que ambos están cómodamente sentados. Dile porque te ofendió. Escucha su explicación amorosa de porque lo hizo. Y perdónala.
Si un ser querido ya no está en este mundo, utiliza esta dinámica para decirle lo que quieres. Escucha su respuesta. Y dile adiós. Te dará una enorme paz.
8) A la luz del corto periodo de vida que tenemos, solo tenemos tiempo para vivir, disfrutar y ser felices. Nuestra compañera la muerte en cualquier momento, de forma imprevista, nos puede tomar entre sus brazos. Es superfluo gastar el tiempo en pensar en las ofensas de otros. No puedes darte ese lujo.
9) Es natural pasar por un periodo de duelo al perdonar, deja que tu herida sane. Desahógate con alguien para dejar fluir el dolor.
Vuelve a leer estas reflexiones las veces que sean necesarias y deja que los conceptos empiecen a sembrar semillas de conciencia en tu interior.
Aprende con honestidad de los errores que cometiste, prométete que no lo volverás a hacer y regresa a vivir la vida.
Y como el titulo de una canción de The Beatles: LET IT BE….
Deja a las personas ser. Deja que guíen su vida como mejor les plazca. Es su responsabilidad. Da consejos, SOLO SI TE LO SOLICITAN, pero permite que tomen sus decisiones. Es su derecho divino por nacimiento: el libre albedrío y la libertad.
Realmente si yo hubiera hecho esto muchas veces en mi vida…. me habría evitado muchos momentos malos!

© Yngrid
Caracas Julio 19, 2015

julio 13, 2015

Hay que dejar ir a quien nunca hizo nada para quedarse



“Hay que dejar ir a quien nunca hizo nada para quedarse,
a esas personas de sentimientos temporales que nos hicieron invertir tiempo e ilusiones.
Dejar ir requiere valentía, pero lejos de aceptarlo como un final, debemos verlo como el principio de algo nuevo”


¿Quién no se ha visto obligado en alguna ocasión a tener que cerrar una etapa de su vida? En ocasiones lo llaman “cerrar círculos“.
No obstante, esta idea de la circularidad más que darnos la visión de algo que se cierra con un inicio y un final, nos hace visualizar más bien una entidad que nunca termina, como una especie de eterno retorno. Debemos ver esas etapas de nuestra vida como una línea por las que avanzar, por las que fluimos a medida que crecemos.
Y para crecer, nos desprendemos de ciertas cosas, a la vez que ganamos otras. La vida es un avance imparable que nos abruma y que nos quita el aliento, y de nada nos vale quedarnos encallados en algo o alguien que nos hunde hacia abajo como la piedra que cae por un pozo.
Quien no nos reconoce, quien nos hace daño y erosiona nuestro ser, nuestra esencia como persona, está vulnerando nuestro crecimiento.
Ahora bien, puede que nos cueste darnos cuenta, que no deseemos verlo durante un tiempo, pero la infelicidad es algo que nadie puede esconder. Duele, marchita y nos apaga. Así que no lo permitas. En la vida siempre llega un momento en que es mejor soltar, dejar ir…   Hay que dejar ir hasta a quien nos abandonó.
El dejar ir, el cerrar una etapa de nuestra vida no se refiere solo a decir adiós a quien comparte vida con nosotros, en un acto de decisión o valentía.
Es posible que no seas tú quien abandona, puede que en realidad, hayas sido el abandonado. En este caso, la idea de soltar, de asumir esa ruptura y avanzar de nuevo hacia delante, es algo vital.
Debemos dejar ir a quien nos ha abandonado, porque de no hacerlo, seguiremos aferrados a un sinfín de emociones negativas que nos van a herir cada día más. Y los responsables, seremos en esta ocasión nosotros mismos.
Cerrar ese ciclo de nuestra vida en el cual existe aún el dolor desgarrador del abandono, requiere tiempo. El duelo debe vivirse, llorarse, asumirse y más tarde, aceptar lo ocurrido hasta lograr llegar al perdón. Una vez cauterizada la herida y cuando nos encontremos libres de cargas al haber podido perdonar, nos sentiremos más ligeros para dejar ir con la máxima plenitud.
Un abandono es la ruptura de un vínculo, y como tal debemos “retornar” hacia nosotros mismos.
Hasta no hace mucho dicho lazo se nutría del amor hacia esa relación. Ahora, roto ya el cordón umbilical debemos reencontrarnos, cuidarnos a nosotros mismos, atendernos para reforzar ese vínculo con nuestra autoestima para volver a mirar hacia delante, fortalecidos.
No alimentes nostalgias, no focalices tu mirada en el ayer porque el pasado ya no existe, se fue, no está… Y recuerda sobre todo que quien vive de la nostalgia no hace más que alimentar el sufrimiento, y “aferrarse” mientras idealiza un pasado, dejando que se pierda tu presente, tu oportunidad de ser feliz “aquí y ahora”.

Hay que dejar ir sin resentimientos...
Quien alimenta la rabia, el despecho y el resentimiento se vuelve prisionero de quien le hizo daño. Es así de sencillo y así de contundente. Quien te provoca la ira y focaliza todo tu desprecio, te hace ser un eterno cautivo de tus propias emociones negativas.
Perdonar no es fácil. En ocasiones asumimos que el perdón es una renuncia a nosotros mismos, que es como claudicar y vernos como víctimas. Nada más lejos de la realidad.
Para perdonar debes conseguir de nuevo tener confianza en ti mismo. Nadie es tan fuerte como la persona que es capaz de conceder el perdón a quien le hizo daño porque demuestra a su vez, que ha superado el miedo, que ya no teme al enemigo y que se siente más libre.
El desprendernos de los resentimientos y la rabia nos devuelve a nuestro estado inicial, nuestro corazón vuelve a sanarse y deja de lado esas emociones negativas. Solo entonces el acto de “dejar ir”, se convierte en algo más fácil de conseguir,  a la vez que liberador.
No inviertas tiempo en quien ya no lo merece, en quien no hizo nada para quedarse a tu lado, o en luchar por ti. Ábrele el camino y ofrécele libertad, déjalo ir. Porque no merece la pena luchar contracorriente, porque toda puerta que se cierra, es una oportunidad que se abre.


© Yngrid
Caracas, Julio 13 de 2015