Cada día tengo más claro que lo único que realmente vale en la vida es mi tranquilidad.
No el ruido, no las apariencias, no las prisas por demostrar nada a nadie. La tranquilidad de despertar sin nudos en el pecho, de acostarme sin culpas, de vivir sin explicaciones forzadas.
Con los años aprendí que no todo merece una respuesta, ni todas las batallas deben pelearse.
Que hay silencios que sanan más que mil palabras, y distancias que protegen más que cualquier promesa vacía.
Hoy elijo la calma por encima de la razón, la paz por encima del orgullo, y el bienestar por encima de vínculos que pesan más de lo que aportan.
Porque entendí que no es egoísmo cuidarme, es respeto hacia mí.
He soltado expectativas, personas, versiones de mí que intentaban encajar donde nunca pertenecieron.
Aprendí a decir “no” sin explicaciones largas, a alejarme sin rencor, a quedarme solo cuando la compañía traía tormenta.
Mi tranquilidad no se negocia. No se discute, no se mendiga, no se pone en juego por miedo a perder a nadie.
Quien quiera quedarse, que sume. Quien no, que siga su camino.
Hoy camino más lento, pero más en paz. Con menos ruido alrededor y más verdad dentro.
Porque al final, cuando todo se cae, cuando las máscaras se rompen y el silencio llega, lo único que de verdad importa es poder respirar hondo y sentir que estás bien contigo mismo.
Caracas, Diciembre 15 de 2025





